La guerra


Uno de los entramados más importantes de la historia de Monaxia es la guerra, denominada también La Santa Templanza, que enfrenta a la Monarquía ("Santos") y a los considerados brujos ("Temples"). Sin embargo, cada uno presenta una percepción distinta de la realidad. Ambas visiones podemos encontrarlas en las páginas de la novela:

La visión de los santos


"La Santa Templanza terminó por intensificar el periodo de intranquilidad y atrocidad que se había creado en los corazones de los habitantes de estas tierras con la llegada de los brujos a nuestras vidas. Un oleaje de matanzas quebró la paz [...], un despliegue de carnicerías sin excepción de edad o género deterioraron la esperanza de muchos y aumentaron la crueldad de otros. La pérdida del respeto a la humanidad, despertó antiguos monstruos que nunca debieron reaparecer de las sombras. Los mercados negros que vendían inmundicias insanas, como lo eran extremidades humanas o sortilegios fabricados con huesos de infantes, incrementaron su influencia y poder por el auge de los rituales satánicos, debido principalmente al miedo irracional de la muchedumbre que creía que tras macabros hechizos podrían protegerse de las violentas amenazas que día tras día les acechaban y hacerse así aliados de sus enemigos, los nigromantes, ante la imposibilidad de no poder enfrentarlos."

"Los juglares debieron hacer uso de su imaginación para continuar narrando crónicas con finales triunfantes y valerosos héroes, ya que estos personajes desaparecieron uno tras otro [...]. En una situación como ésta fue cuando vuestro padre, el Rey, justo después del asesinato de vuestra difunta madre, decidió declarar con firmeza la guerra a los sirvientes del diablo, para erradicarlos por siempre de la faz de la Tierra. A estos, quienes luchan al lado del Rey, se hacen llamar Santos."

La visión de los temples


“Los Temples se realzan sobre las cenizas de los valientes, que murieron indefensos ante las armas de la Corona al intentar cambiar cientos de años de ignorancia con inofensivas palabras sin haber pensado antes en el riesgo que correrían al presentarse ante el Palacio Real reclamando unos derechos que jamás nadie había respetado. Tan pronto como aceptaron enfrentarse al Rey y a sus vasallos, fueron arrasados por los soldados de éste, y desprestigiados por medio de calumnias para que el mismo pueblo, el principal motivo que les llevó a la batalla, los contendiera y aprobara que fueran abatidos por sus verdaderos enemigos, a quienes cada día nutrían sin darse cuenta.”

¿Dónde se encontrará la verdad?